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“No hay vacuna para la presión social” // Noche de Ciencia con Tapas dedicada al papel de los medios en la anorexia y la bulimia

“No hay vacuna para la presión social” // Noche de Ciencia con Tapas dedicada al papel de los medios en la anorexia y la bulimia
La profesora MªJosé Quiles expone ante el público de la sesión Ciencia con Tapas la realidad de los trastornos de la alimentación.

En ocasiones, la mejor manera de definir algo es empezar diciendo lo que “no es”. Esta es la aproximación que tomó la profesora MªJosé Quiles en los primeros segundos de su intervención: los trastornos de la alimentación no son fruto de la vanidad, no vienen provocados por un deseo descontrolado de obtener la fama, no son más frecuentes en personas superficiales. Explicó después que hay factores comunes a todos los trastornos de la alimentación: la restricción de la ingesta –privar al cuerpo de alimento por completo o no comer lo suficiente-, y una percepción distorsionada de las propias formas corporales. Citó el ejemplo extremo de una paciente que creía padecer elefantiasis -un síndrome que provoca el sobredesarrollo de las piernas-, cuando en realidad su constitución era originalmente sana y normal.

La diferencia entre anorexia y bulimia -añadió la investigadora- es que, si bien en ambas se producen conductas como la restricción de la ingesta y la percepción distorsionada del propio cuerpo, en la bulimia se producen momentos de “descontrol” con la comida. Una paciente con bulimia puede haber estado varios días restringiendo al máximo su alimentación (uno o dos cafés al día y quizás alguna galleta) y, tras un episodio emocional sobrecogedor, comer descontroladamente varios kilos de alimento. Una complicación añadida a estos hábitos alimentarios, es que muchas pacientes con bulimia recurrirán después a provocarse el vómito o utilizar laxantes y diuréticos para intentar no absorber la comida. Estas estrategias no serán necesariamente racionales. La paciente puede llegar a evitar que sus alimentos bajos en calorías estén almacenados cerca de otros, para impedir un “contagio calórico”.

Mercedes Marco Ortega presidenta de Adabe, Yolanda Quiles y MªJosé Quiles, investigadoras de la UMH y fundadoras del Centro CREA, especializado en el tratamiento de los trastornos de la conducta alimentaria.

“Pero, ¿por qué pasa esto? Es la primera pregunta que nos hacemos los familiares”, relataba Mercedes Marco presidenta de Adabe. No se puede apuntar a causas inequívocas de los trastornos de la alimentación. Pero sí se han identificado factores de riesgo, que tienen su origen tanto en el individuo como en su entorno familiar y social.

Un 1,5% de la población española está diagnosticada de algún trastorno de la alimentación. Estos afectan desproporcionadamente a mujeres: son 9 de cada 10. La mayoría tienen entre 14 y 21 años. El desarrollo puberal precoz puede provocar que las adolescentes sientan que su cuerpo no es apropiado, por ser en un momento dado muy distinto al de otras chichas de su edad. El sobrepeso en la infancia, la baja autoestima, vivir pendientes de la validación externa, desarrollar creencias irracionales sobre la apariencia física y la aceptación social, incluso practicar un deporte en que el peso y la talla sean especialmente relevantes (como el boxeo o la gimnasia rítmica), son factores de riesgo.

Además, la importancia que se da a la apariencia física en el entorno familiar, la actitud de padres y madres con respecto a las dietas y las expectativas que éstos tienen con respecto a sus hijos, tienen una gran influencia en la autoestima de los más jóvenes. Durante la sesión, se expuso el siguiente ejemplo:

– “Mamá, he sacado un nueve en el examen”.

– “¿Pero cuántos dieces ha habido en la clase?”

La profesora MªJosé Quiles sabe que en la mayoría de casos esta actitud no pretende ser más que un estímulo para los hijos. Sin embargo, es crucial evitar las aspiraciones a lo imposible. A cambio, se deben potenciar la seguridad en sí mismos, la satisfacción y el autoestima de los hijos, para evitar que su modo de enfrentarse al fracaso personal sea intentar tomar el control sobre lo único que realmente está a su alcance: su propio cuerpo.

Un trastorno de la alimentación no es sino la punta del iceberg. Anorexia y bulimia son síntomas de otra cosa; de la extrema inseguridad, de la necesidad de control, de la baja autoestima, de la insatisfacción corporal: de la fobia a uno mismo. Y, a diferencia de otros miedos, este no se puede eludir tomando las escaleras en vez de el ascensor o evitando los lugares altos. No podemos escapar de nuestro propio cuerpo. Además, nuestra cultura espera que comamos de cinco a tres veces al día, y cualquier evento social o celebración está también estrechamente ligado a la comida. Así que una persona con trastornos de la alimentación vive en constante temor, explica la profesora Quiles. Estos trastornos acaban afectando a todo el sistema personal, tanto interno como social. El miedo lleva al aislamiento, y éste a un mal pronóstico.

La relación que tienen todos estos factores con los medios de comunicación resulta evidente. No se nos muestran personas, desde todas las facetas de su realidad, se nos muestran referentes sesgados: el mejor perfil, los momentos de gloria, el físico en su pleno esplendor. Y, si la mera reflexión sobre lo que vemos en los medios no fuera suficiente evidencia, la profesora Yolanda Quiles tomaba el micrófono para apuntar que la anorexia y la bulimia son trastornos exclusivos del primer mundo, de la denominada cultura occidental. En nuestro ideario, belleza es igual a delgadez y delgadez es igual a éxito, remarcaba. No solo hacemos exaltación de la delgadez, al mismo tiempo se comunica a un rechazo de la obesidad. Estos son los mensajes que dominan, en especial aunque no exclusivamente, el ideal de la mujer en los medios. “¿Qué oculta la publicidad?”, reflexiona la investigadora: la verdadera eficacia de las dietas, la manipulación de la imagen. Las redes sociales solo agravan el problema, añadiendo a la presión social de la perfección que lleva a la insatisfacción corporal. Y “no hay vacuna para la presión social”, nos recuerda la profesora Quiles.

No hay “vacunas” pero sí “tratamientos preventivos”, iniciativas que pretenden fomentar un ideal del cuerpo basado en la salud y el bienestar, y no en la apariencia. Un ejemplo mencionado en el coloquio fue la Taula de Diàleg per a la prevenció dels Trastorns de la Conducta Alimentària, impulsada por la Agència Catalana del Consum. No obstante, tanto las investigadoras como la presidenta de Adabe defendieron la necesidad de un servicio de prevención de la salud multidisciplinar que ayude a las personas en riesgo de desarrollar un trastorno de la alimentación.

Ciencia con Tapas es una actividad organizada por el Instituto de Biología Molecular y Celular de la UMH que acerca la ciencia a la sociedad mediante coloquios sobre temas de actualidad e interés general. Se celebra en la Fnac de Alicante cada dos meses.

Ángeles Gallar

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