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Educación y ciencia, por una sociedad igualitaria entre hombres y mujeres

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El día de la mujer es, en gran medida, el día en el que se conmemora la aportación indispensable de las mujeres al mundo y en el que se promete un futuro justo para ellas. “Ellas” es, sin duda, el pronombre que preside este día, ellas son las que, durante toda la historia de la humanidad han sustentado, como un pilar inquebrantable hecho a las costuras de cada época, todas las sociedades; ellas son las que aún habiendo sido educadas bajo el yugo del machismo se alzaron para reclamar sus derechos y libertades, por ellas y por sus hijas y por sus madres.

En muchos sentidos, la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche ha querido resaltar la figura de las mujeres mediante la organización de actos en los que fuera el eje central. Concretamente, en honor al Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, tuvo lugar la celebración por segundo año consecutivo de las jornadas La ciencia tiene nombre de mujer. El objetivo de este evento era visibilizar la labor de las mujeres en el mundo científico y reducir así la brecha que existe en estudios técnicos e ingenierías de la UMH, donde las mujeres representan únicamente el 15% del alumnado.

Asimismo, la UMH tuvo la ocasión de acoger a personal docente venido de otros centros universitarios, como es el caso de la doctora en Ciencias de la Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) Nuria Solsona,  encargada de iniciar la sesión de tarde con su conferenciaRomper estereotipos. La práctica de la coeducación en las aulas”. La ponencia fue presentada por la profesora de la UMH Purificación Heras y contó con la presencia de la Directora de la Unidad de Igualdad de la UMH, María José Alarcón, de la Concejala de Servicios Sociales e Igualdad de Elche, Teresa Macía y del director del Centros de Formación, Innovación y Recursos Educativos (CEFIRE) de Elche, Carlos Sánchez.

La profesora Solsona expuso las principales claves que condicionan a los individuos a asumir un rol de género en cada una de las etapas de su educación. “El modelo androcéntrico, que impera en la mayoría de sociedades modernas, moldea a las personas y condiciona sus vidas”, afirmó Solsona. Explicó, además, que en un modelo de educación dual, en el que establecen un modelo femenino y un modelo masculino, se tiende a crear una balanza en la que “si los hombres deben ser fuertes y valientes, las mujeres son tratadas como débiles y delicadas”. Desde niños, los juguetes, la ropa o la manera de los adultos de interactuar con los bebés condicionan el rol social de cada individuo. De este modo, únicamente han lugar los modelos citados previamente y se genera un rechazo hacia quien no se refleja en estos cánones.

Del mismo modo, Nuria Solsona señaló los aspectos principales que configuran un modelo de “educación dual excluyente”. Desde los 3 años, aproximadamente, se comienza a formar un paradigma el cual gira en torno a una serie de cualidades necesarias para cumplir con los estándares. Por ejemplo, “si los hombres han de mostrarse asertivos, a las mujeres se les pide todo lo contrario, que sean inseguras”. A su vez, ocurre un proceso similar cuando los niños alcanzan los 7 u 8 años.

Según la doctora de la UAB, este paradigma dual educativo acompaña todas las etapas de la educación y se perpetúa a causa de ver reflejados en la sociedad estereotipos machistas. Se establece una dicotomía entre ·”los sentimientos contra la razón”, explicaba Nuria. La educación que históricamente se ha llevado a cabo en países como España, establece una división tácita entre lo que son considerados “saberes de mujer”, muchas veces relacionado con un rol pasivo y dedicado al cuidado de otras personas, contrapuestos con “saberes de hombre”, que se han vinculado a saberes científicos y tecnológicos. Este último aspecto, condiciona sobremanera la elección de las mujeres a la hora de plantearse su futuro profesional, de modo que, debido a una falta de referentes en la escuela y a los prejuicios implantados desde pequeños, las chicas ven coaccionada la elección de su profesión. “Debemos dotar de referentes en la ciencia a las estudiantes, hay que visibilizar que las mujeres tenemos un papel necesario en la ciencia” explicó Solsona.

Durante la hora y media que duró la conferencia, se trató de abordar, de manera crítica, qué aspectos deben ser mejorados para alcanzar una educación justa e igualitaria entre hombres y mujeres. Se estableció un debate abierto en el que se abordaron críticamente los conflictos más graves que limitan el acceso a la ciencia por parte de las mujeres, como por ejemplo, el techo de cristal al igual que se puso de manifiesto la necesidad de una mayor formación en igualdad por parte del profesorado escolar. Esto, entre muchas otras cuestiones, supusieron el preludio de estas dos semanas de actos conmemorativos, en los se ha impregnado un carácter reactivo que insta a ser más justo y que recuerda que, a pesar de todo lo conseguido hasta el momento, la Igualdad entre hombre y mujer es aún un espejismo que no se ha de dejar de perseguir.

 

 

 

Fran Gosálbez Asensio

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